Pensé como diez veces antes de empezar a escribirte. Quise ponerme en tu lugar, que es muy parecido al mío, antes de largar palabra alguna. Sé lo que se siente estar enamorada de él porque lo estuve, porque lo estoy. Aunque me haya partido el corazón en mil partes el día que me dejó, sin huevos, con la excusa de "esto ya no está funcionando". Desde ya hacía tiempo sabía que estaba con alguien más, traté de aceptarlo, ya no me correspondía. Comenzó a corresponderme el día en que sin querer tuvimos un desliz. En un principio quise hacer la vista gorda al asunto y no involucrarme, sólo había sido una vez y yo no quería volver con él. Fue ahí cuando volvió a escribirme y tratarme con el cariño que lo hacía tiempo atrás, cuando estábamos juntos. No tengo intenciones de volver con él, me mintió. Y mi intención con esta carta es desenmascararlo, porque te mintió a vos también. Anoche tuvo una cena con gente del trabajo, pasado ese tiempo vino a visitarme a casa. Nuestra relación pasó de pareja a amigos por una cuestión de confianza mutua y conversaciones intensas y personales, de esas que sólo tenés con tu mejor amigo. Cayó con esta frase entre sus labios "vine porque tenía ganas de verte antes de irme a dormir", me enamoró nuevamente. Hubo abrazos, cariños, nada más, hasta ahí. Su error creo que fue dejarme el celular cuando estaba ya quebrando, cuando ya no podía hablar. Atendí una llamada que me llevó a sus chats y tu nombre en la lista, yo presentía que su nueva historia tenía tu nombre por ahí. La curiosidad fue más fuerte y mató al gato.
Te escribo porque necesitaba ponerme en tus zapatos, necesito ser esa chica que se está ilusionando con un tipo que no vale la pena, que me miente, que nos miente. Necesito saberlo, que me lo cuenten, para no perder el tiempo con alguien que no vale la pena. Para no seguirme enamorando de alguien que no sólo me está siendo infiel con su ex, sino que también le miente a ella, ¿nos quiere a ambas? No sé.