Las hiciste todas juntas, de esas sensaciones particulares que describían perfectamente tu personalidad. Entraste generando susto, cuando tocaste el timbre, esa sensación que sentía cada vez que la discusión se tornaba oscura. Amor, o cariño quizás al darme esos abrazos, eso que sentía cuando estábamos juntos. Risa, cuando te bañabas exaltado, de esa que sentía cada vez que nos contábamos anécdotas tirados en el pasto. Calentura, cuando te acaricié, como en nuestros primeros días juntos. Tristeza, al verte vomitando, como cuando me gritabas y sólo me provocaba llorar y odiarme más. Decepción, cuando la mentira se hizo luz, como en esos momentos que prometías pequeñas cosas que no cumplías. Lástima, ésta última no sé, simplemente la siento.