martes, 12 de julio de 2016

Cuando te conocí supe que eras para mí. O sea para otra, que nunca me ibas a amar, y que me ibas a usar, y boludear por unos años, y cogerte a quien pudieras en mi cara para después venir a dormir conmigo, y claro, porqué no, contarme cosas privadas para que yo me enganche más. No, no te odio, eso es para otra gente. Yo soy más del amor, de la amistad, de la vida. Tu depresión me consumió y me volvió depresiva. La concha de tu madre, lloraba todas las noches! Pero banca, es bronca, no te odio. Gracias a vos conocí la otra cara de la vida. Gracias a vos hoy puedo amar tranquila. Tengo que pensar un poco en lo positivo, si no, seguiría pensando en vos y sería una cosa de jamás terminar.
Hoy te escribo porque se relacionó toda una conversación con tu nombre y me puse a pensar en qué carajo estaba pensando cuando me enamoré de vos. Todavía no lo creo chabon, me enamoraste y todavía sigo pensando cómo. Pero de todos modos te lo agradezco, porque yo a esa altura ya me creía fallida, incapaz de amar. Es que te vi ahí y no sé qué pasó, se me cruzaron los cables.