Pero es verdad, sentimos que esa persona lo hace todo con la finalidad de herirnos. Esa cruel realidad de que nos va a hacer sufrir. No sabemos qué nos pasa. Queremos saber qué pasa por su cabeza cuando le decimos que no todo está bien. Queremos saber si siente, si sufre como nosotros o se ríe de nosotros. Queremos saber si nos quiere. Quizá lo haga, pero no tanto, quizá tan poco que ni cuente. Quizá no sabe querer y nosotros sabemos hacerlo muy bien. Queremos gritarle "te quiero" pero se torna incómodo: no sabe reaccionar, no sabe sentir, no sabe mentir. Queremos olvidar, o resistir, no sabemos qué queremos. Queremos parar de sufrir sin tener que ir a una iglesia evangélica. Queremos borrar pero a la vez no queremos olvidar. Es tan lindo que asusta. Es tan cómodo que incomoda. Es tan tierno que duele. Es una cagada, pero es simplemente una etapa.